7 de febrero de 2010

Mil pasiones.

Comenzaba 1º de la Escuela Secundaria Obligatoria. Ella estaba eufórica, la noche la había pasado como cuál murciélago y esperaba ansiosa que fueran menos diez para salir en busca de su vecina y una de sus mejores amigas. Ellas ya no repetían nunca aquel: "Ósea, de verdad, pío, pío, ¡ajá!" aunque ahora tenían incluso más capacidad para discriminar a alguien, sin tener siquiera que decir la dichosa frase.

Llegó el verano del año siguiente, y nuestra jovencita tenía dos cosas bien claras, debía comprarse unos nuevos pantalones "tecno wave" para así poder ir con confianza a Pau, la cuidad francesa donde hacía el viaje de fin de curso los alumnos de primero y segundo de su instituto. Estaba claro que se trataba de ir mona para un chico, "le prèmier amour!".
Él era uno de los alumnos de segundo, y se habían declarado mutuamente por Internet, donde ella suspiraba cada vez que leía sus correos electrónicos.
Cuando llegó el momento en el que sus amigas y los amigos de él se juntaron en una "rue de Pau", unos nervios se apoderaban de ella, y casi no podía ni pronunciar palabra. De repente, todos sus respectivos amigos desaparecieron, dejando a la vergüenza al descubierto y a un chico que solo pensaba en añadir a una chica más para su lista.
Sucedió un beso, que tras el solo pudo arrancar el "tope", por la indiferencia en que él se lo dio a ella, y las ilusiones que se habían forjado en la joven.




Aunque sea difícil, la vida esta llena de percances y nuestros sentimientos a menudo están bajo cero, de frío y de amor.

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