Las cosas han cambiado radicalmente. Nuestra chica había comenzado ha interesarse por los hechos que ocurrían en todo el mundo, ya tenía la consciencia suficiente como para saber que somos una mota de polvo en un universo sin limites. Comenzó a preocuparse por la naturaleza. Al lado de su padre (el cual era forestal) recorrían grandes distancias por el alto monte que este debía proteger.
Poco tiempo continuaron dando esos paseos, y mucho tiempo estuvo ella metida en la droga.
La conoció una mañana de verano, ella tenia el recado de ir a comprar champús al supermercado, y el día anterior se había encontrado restos de hachís en su capucha (esto pasó cuando se desprendieron de la placa de droga que su novio le había metido en la capucha, en un intento de esconderla de la policía).
La chica llamó a su vecina para planear la mañana, iba a liarse y a fumarse su primer porro, y en un principio todo eran nervios.
-Yo desharía más, al Liu le he visto con cachitos más pequeños,- comentaba la vecina mientras ella se obcecaba en encender el mechero- y además hazlo a cartón, que estos siempre dicen que sube más-.
La chica obedeció, y mientras intentaba liarse su primer porro, la vecina y amiga salió del rellano para ir a ver a su prima pequeña, la cual había dejado viendo una película de Disney. Al rato volvió y juntas comenzaron a experimentar los efectos de la droga. Desgraciadamente, nuestra chica no pudo cumplir su recado, a cambio tubo que hacerlo su vecina. El "blancazo", su primer "blancazo" le sucedió al poco rato de entrar a casa de su amiga, empezó a marearse y a necesitar tumbarse.
Digan lo que digan, las drogas, hacen mucho daño.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario